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¿Tu negocio necesita una página nueva o un rediseño?

Tienes página, pero no te llega nadie. La duda razonable es si el problema se arregla o si hay que empezar de cero. Casi siempre se puede saber sin gastar un peso.

Primero: separa «se ve viejo» de «no funciona»

Son dos problemas distintos y se arreglan distinto. Un sitio puede verse anticuado y estar técnicamente sano — ahí un rediseño visual resuelve. Y un sitio puede verse moderno y estar roto por dentro, que es el caso que más cuesta detectar porque a simple vista todo parece bien.

Antes de decidir nada, haz esta prueba: abre tu página en tu celular, con datos móviles, no con WiFi. Cuenta los segundos hasta que puedas leer algo. Después búscate en Google por lo que vendes, no por el nombre de tu negocio. Esas dos cosas te dicen más que cualquier opinión sobre los colores.

Señales de que basta con arreglar

  • Carga razonablemente rápido y se ve bien en celular.
  • Tienes acceso al sitio y puedes editarlo, o alguien lo puede hacer por ti.
  • El contenido está correcto y solo hay que refrescar el diseño.
  • Apareces en Google cuando te buscan por nombre, pero no por servicio. Eso es un problema de posicionamiento, no de diseño.
  • Falta una pieza concreta: un formulario que sirva, un botón de WhatsApp, una sección de precios.

En estos casos rehacer el sitio completo es botar dinero. Se arregla lo que falla y se deja lo que sirve.

Señales de que conviene empezar de cero

  • No se ve bien en celular. Si hay que hacer zoom o mover la pantalla de lado para leer, eso no se parcha: la estructura está mal desde la base.
  • Tarda una eternidad en abrir. Sobre todo si arrastra plantillas pesadas y una fila de plugins que nadie mantiene.
  • Nadie tiene las llaves. Es más común de lo que parece: la persona que la hizo desapareció y nadie sabe la contraseña ni dónde está el hosting. Si no controlas tu propio sitio, no lo controlas.
  • El dominio no está a tu nombre. Grave. Antes que rediseñar, recupera el dominio — es de tu negocio, no del que te hizo la página.
  • Está en una plataforma que te cobra todos los meses y lo que tienes es una página de presentación que no necesita esa maquinaria.
  • La información está vieja. Teléfono que ya no es, servicios que ya no das, precios de hace tres años. Eso hace más daño que no tener página.
  • La página no dice qué haces. Si un desconocido la abre y en tres segundos no puede explicar a qué te dedicas, no importa lo bonita que sea.

El caso incómodo: el sitio que existe pero está caído por dentro

Me pasa seguido al revisar sitios de negocios: la página abre, devuelve código 200, todo parece normal — y sin embargo se ve como texto suelto sin diseño, porque las hojas de estilo no cargan. El dueño muchas veces ni se ha enterado, porque su navegador todavía tiene la versión buena guardada en caché.

Por eso la prueba de verdad se hace en una ventana privada o en un celular que nunca haya visitado tu sitio. Es la única forma de ver lo que ve un cliente nuevo.

Cómo decidir sin adivinar

La forma barata de salir de la duda es ver la alternativa antes de pagarla. Yo construyo el demo con tu contenido real y te mando el enlace: ahí comparas tu página actual contra la propuesta, en tu propio celular, y decides con las dos cosas delante.

Si al verlas lado a lado tu página aguanta, te lo digo. Prefiero perder un proyecto a venderte un rediseño que no necesitas.

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